Formada en las profundidades geológicas de Kenia, esta tsavorita es el resultado de un equilibrio excepcional entre presión, temperatura y tiempo.
Su color verde intenso y natural —más vivo y definido que el de muchas esmeraldas— nace de la presencia de vanadio y cromo en su estructura cristalina. Una firma química que la tierra solo concede en contextos muy concretos.
Con 1,84 quilates y una pureza loupe clean, esta gema se presenta limpia incluso bajo lupa, revelando una transparencia poco común en granates de este tamaño. No hay artificio: solo materia auténtica, bien formada y honesta.
La tsavorita es una variedad rara del granate grossular, apreciada por su dureza, su brillo vivo y su estabilidad. Una piedra creada para perdurar, no para impresionar de forma efímera.
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